domingo, 28 de septiembre de 2014

Capítulo 10

Capítulo 10.

Los dos empezaron a manosearme, me quitaron la ropa.
Grité pero nadie me escuchaba.
Y desperté.
Desperté gritando, llorando y casi sin poder respirar. Me incorporé en la cama.

-Hey, pequeña, ¿qué pasa? –dijo Marcos incorporándose conmigo, me cogió del brazo con una mano y con el otro brazo me rodeó por los hombros.
-He tenido una pesadilla, David y tú…
-¿David y yo qué?
-Bueno, estábamos en una fiesta y David y tú me teníais acorralada en una pared e intentabais violarme entre los dos –me temblaban las manos.
-Eh, eso no va a pasar –dijo con una voz muy suave que hacía que me tranquilizara.
-Ya pero es que parecía tan real… -dije aún con la respiración agitada.
-Era sólo un sueño, tranquila –me dio un beso en la cabeza- anda, vamos a intentar dormir otra vez.

Nos tumbamos en la cama de nuevo y me abracé a él, me dio un beso y volví a cerrar los ojos pero me era imposible dormir, me giré hacia Marcos y estaba con los ojos cerrados, tumbado boca arriba, no sabía si dormía. Me ponía nerviosa estar en la cama y no poder dormirme así que me levanté despacio y salí de la habitación intentando no hacer mucho ruido. Bajé a la cocina a beber agua y al poco tiempo alguien me pasó la mano por la cintura, no me asusté, tenía el presentimiento de que era él, eran sus manos. Un beso en el cuello terminaba de confirmar que era él, que esos labios eran los suyos, no había otros iguales.
(Escuchad la canción número 25 del reproductor, por favor)
Me quitó la camiseta. Cerré los ojos y dejé que sus labios recorrieran mi espalda a su antojo. Me di la vuelta y lo agarré del cuello, él me cogió del culo y me subió a la encimera, mi piel ardía con cada beso suyo, ¿cómo me podía provocar tanto? Enrollé mis piernas en su cintura y lo pegué a mí. Puse mis manos en su pecho y empecé a acariciarle con los dedos, le besé el cuello acabando con un pequeño bocado, en ese mismo momento él me bajó los pantalones del pijama, me quedé en ropa interior y él en bóxers. Me seguía besando mientras metió sus manos por mis bragas y me agarró el culo, yo solté un leve “ah” casi exhalando aire y él rió en mi boca, una sonrisa demasiado sexy y provocativa. Le mordí el labio inferior y me desabrochó el sujetador dejando que cayera al suelo, me bajó las bragas, yo seguía sentada en el borde de la encima, le quité los bóxers y me embistió con una fuerza anormal, le volví a morder el cuello ahogando un grito profundo de garganta, lo apreté hacia mí más fuerte con mis piernas, me agarró en brazos y se sentó en una silla, empecé a moverme de forma muy sensual, miré sus ojos, tenía un verde muy intenso, esa mirada hacía que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo. Él se movía muy rápido y solté un gemido, me besó otra vez. Juro que aquella noche me lo comí a besos, no me cansaba de besarlo y de que me besara. Volví a gemir de placer y clavé mis uñas en su espalda a lo que él respondió con otro gemido.
Unos minutos después buscaba mi sujetador por la cocina, lo encontré y cuando me lo iba a poner se acercó Marcos a mi espalda y me paró las manos, sentía su respiración en mi oído.

-¿Qué pasa? ¿No has tenido suficiente aún? –dije con una risa.
-Mmm… -dijo apoyando sus labios en mi hombro derecho.- Yo nunca me canso pero tendré que esperar un poco por lo que veo –yo sonreí.

Me puse el sujetador y a continuación la camiseta.

-Ah y vigila esas uñas, fiera –dijo Marcos riendo y dirigiéndose a la puerta de la cocina.

Me acerqué a él corriendo y salté sobre su espalda, me agarré enrollando mis piernas en su cintura y le dije al oído “nunca” en un susurro. Subimos hasta la habitación y nos encontramos a Carlos bajando las escaleras, Marcos y yo íbamos riendo porque él perdía el equilibrio a causa de que yo le daba mordisquitos en la oreja.

-Buenas noches –dije yo entre risas.
-Buenas noches –se giró Carlos con los ojos medio cerrados, creo que no veía ni por dónde iba.

Llegamos a la habitación y Marcos se puso se espaldas a la cama para dejarme sobre ella. Me bajé de él y me quedé de pie encima de la cama, me empujó suavemente y me dejé caer. Se puso encima de mí con una pierna y una mano a cada lado de mi cuerpo. Me miraba fijamente a los ojos, cuando me miraba así me ponía nerviosa, me subían las pulsaciones, se me aceleraba el corazón y se me agitaba la respiración.

-¿Qué me vas a hacer? –dije mirando sus ojos.
-De todo –y yo reí. Me besó en la tripa a la vez que sujetaba mis caderas con sus manos.
-Marcos.
-¿Qué?
-Estoy cansada, otro día, ¿vale? –él suspiró.
-Vale –me dio un beso en la boca, yo sonreí y nos tumbamos bien en la cama.

(Poned la canción 32 del reproductor)
Marcos se durmió pero yo no pude, me acerqué a la ventana. Había una pareja en una moto en la calle; risas, besos, abrazos y unas palabras el oído que provocaban sonrisas involuntarias. Aquella noche me parecía todo demasiado extraño, era como un sueño, no sólo lo que acababa de pasar sino todo lo que había pasado desde que lo conocí a él volviendo de la playa.  Me puse a pensar y no recordaba exactamente qué había pasado anteriormente en mi vida, empezaba a estar un poco mareada, me giré hacia Marcos, allí estaba con los ojos cerrados, sus facciones perfectamente perfiladas y de repente todo se me volvió borroso, empecé a desaparecer de la habitación donde estaba y empecé a ver otra habitación totalmente distinta, más fría, más solitaria. Seguía aturdida. Notaba algo raro en mi garganta y mi mano estaba agarrada a otra que me resultaba bastante conocida, no podía moverme, mi cuerpo no reaccionaba, me sentía cansada. Intenté mover mis dedos acariciando la mano a la que estaba agarrada. La persona se movió y se puso delante de mí, era mi madre.

-¡Cariño! Por fin has despertado –dijo abrazándome como pudo entre tantos cables y tubos. Intenté responderle pero el tubo que pasaba por mi garganta me lo impedía, sólo pude emitir un sonido.- Tranquila, mi vida, ahora todo está bien –me pasó una mano por la frente apartándome el pelo de la cara y llamó a la enfermera pulsando el timbre que había detrás de la cama. No sabía que había pasado ni por qué estaba allí, era todo tan confuso… ¿Había estado soñando todo este tiempo?

La enfermera llegó y se sorprendió al verme con los ojos abiertos.

-¡Ruth! ¡Qué alegría verte despierta! –parecía contenta.- Voy a avisar al médico –salió de la habitación con una sonrisa. Miré a mi madre con cara de no entender nada y me di cuenta de que tenía la cara demacrada por la tristeza y el cansancio, aunque ahora podía ver en sus ojos felicidad. ¿Qué ha pasado? Seguía preguntándome en mi cabeza.


Llegó el médico y se acercó a la cama.