domingo, 28 de septiembre de 2014

Capítulo 10

Capítulo 10.

Los dos empezaron a manosearme, me quitaron la ropa.
Grité pero nadie me escuchaba.
Y desperté.
Desperté gritando, llorando y casi sin poder respirar. Me incorporé en la cama.

-Hey, pequeña, ¿qué pasa? –dijo Marcos incorporándose conmigo, me cogió del brazo con una mano y con el otro brazo me rodeó por los hombros.
-He tenido una pesadilla, David y tú…
-¿David y yo qué?
-Bueno, estábamos en una fiesta y David y tú me teníais acorralada en una pared e intentabais violarme entre los dos –me temblaban las manos.
-Eh, eso no va a pasar –dijo con una voz muy suave que hacía que me tranquilizara.
-Ya pero es que parecía tan real… -dije aún con la respiración agitada.
-Era sólo un sueño, tranquila –me dio un beso en la cabeza- anda, vamos a intentar dormir otra vez.

Nos tumbamos en la cama de nuevo y me abracé a él, me dio un beso y volví a cerrar los ojos pero me era imposible dormir, me giré hacia Marcos y estaba con los ojos cerrados, tumbado boca arriba, no sabía si dormía. Me ponía nerviosa estar en la cama y no poder dormirme así que me levanté despacio y salí de la habitación intentando no hacer mucho ruido. Bajé a la cocina a beber agua y al poco tiempo alguien me pasó la mano por la cintura, no me asusté, tenía el presentimiento de que era él, eran sus manos. Un beso en el cuello terminaba de confirmar que era él, que esos labios eran los suyos, no había otros iguales.
(Escuchad la canción número 25 del reproductor, por favor)
Me quitó la camiseta. Cerré los ojos y dejé que sus labios recorrieran mi espalda a su antojo. Me di la vuelta y lo agarré del cuello, él me cogió del culo y me subió a la encimera, mi piel ardía con cada beso suyo, ¿cómo me podía provocar tanto? Enrollé mis piernas en su cintura y lo pegué a mí. Puse mis manos en su pecho y empecé a acariciarle con los dedos, le besé el cuello acabando con un pequeño bocado, en ese mismo momento él me bajó los pantalones del pijama, me quedé en ropa interior y él en bóxers. Me seguía besando mientras metió sus manos por mis bragas y me agarró el culo, yo solté un leve “ah” casi exhalando aire y él rió en mi boca, una sonrisa demasiado sexy y provocativa. Le mordí el labio inferior y me desabrochó el sujetador dejando que cayera al suelo, me bajó las bragas, yo seguía sentada en el borde de la encima, le quité los bóxers y me embistió con una fuerza anormal, le volví a morder el cuello ahogando un grito profundo de garganta, lo apreté hacia mí más fuerte con mis piernas, me agarró en brazos y se sentó en una silla, empecé a moverme de forma muy sensual, miré sus ojos, tenía un verde muy intenso, esa mirada hacía que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo. Él se movía muy rápido y solté un gemido, me besó otra vez. Juro que aquella noche me lo comí a besos, no me cansaba de besarlo y de que me besara. Volví a gemir de placer y clavé mis uñas en su espalda a lo que él respondió con otro gemido.
Unos minutos después buscaba mi sujetador por la cocina, lo encontré y cuando me lo iba a poner se acercó Marcos a mi espalda y me paró las manos, sentía su respiración en mi oído.

-¿Qué pasa? ¿No has tenido suficiente aún? –dije con una risa.
-Mmm… -dijo apoyando sus labios en mi hombro derecho.- Yo nunca me canso pero tendré que esperar un poco por lo que veo –yo sonreí.

Me puse el sujetador y a continuación la camiseta.

-Ah y vigila esas uñas, fiera –dijo Marcos riendo y dirigiéndose a la puerta de la cocina.

Me acerqué a él corriendo y salté sobre su espalda, me agarré enrollando mis piernas en su cintura y le dije al oído “nunca” en un susurro. Subimos hasta la habitación y nos encontramos a Carlos bajando las escaleras, Marcos y yo íbamos riendo porque él perdía el equilibrio a causa de que yo le daba mordisquitos en la oreja.

-Buenas noches –dije yo entre risas.
-Buenas noches –se giró Carlos con los ojos medio cerrados, creo que no veía ni por dónde iba.

Llegamos a la habitación y Marcos se puso se espaldas a la cama para dejarme sobre ella. Me bajé de él y me quedé de pie encima de la cama, me empujó suavemente y me dejé caer. Se puso encima de mí con una pierna y una mano a cada lado de mi cuerpo. Me miraba fijamente a los ojos, cuando me miraba así me ponía nerviosa, me subían las pulsaciones, se me aceleraba el corazón y se me agitaba la respiración.

-¿Qué me vas a hacer? –dije mirando sus ojos.
-De todo –y yo reí. Me besó en la tripa a la vez que sujetaba mis caderas con sus manos.
-Marcos.
-¿Qué?
-Estoy cansada, otro día, ¿vale? –él suspiró.
-Vale –me dio un beso en la boca, yo sonreí y nos tumbamos bien en la cama.

(Poned la canción 32 del reproductor)
Marcos se durmió pero yo no pude, me acerqué a la ventana. Había una pareja en una moto en la calle; risas, besos, abrazos y unas palabras el oído que provocaban sonrisas involuntarias. Aquella noche me parecía todo demasiado extraño, era como un sueño, no sólo lo que acababa de pasar sino todo lo que había pasado desde que lo conocí a él volviendo de la playa.  Me puse a pensar y no recordaba exactamente qué había pasado anteriormente en mi vida, empezaba a estar un poco mareada, me giré hacia Marcos, allí estaba con los ojos cerrados, sus facciones perfectamente perfiladas y de repente todo se me volvió borroso, empecé a desaparecer de la habitación donde estaba y empecé a ver otra habitación totalmente distinta, más fría, más solitaria. Seguía aturdida. Notaba algo raro en mi garganta y mi mano estaba agarrada a otra que me resultaba bastante conocida, no podía moverme, mi cuerpo no reaccionaba, me sentía cansada. Intenté mover mis dedos acariciando la mano a la que estaba agarrada. La persona se movió y se puso delante de mí, era mi madre.

-¡Cariño! Por fin has despertado –dijo abrazándome como pudo entre tantos cables y tubos. Intenté responderle pero el tubo que pasaba por mi garganta me lo impedía, sólo pude emitir un sonido.- Tranquila, mi vida, ahora todo está bien –me pasó una mano por la frente apartándome el pelo de la cara y llamó a la enfermera pulsando el timbre que había detrás de la cama. No sabía que había pasado ni por qué estaba allí, era todo tan confuso… ¿Había estado soñando todo este tiempo?

La enfermera llegó y se sorprendió al verme con los ojos abiertos.

-¡Ruth! ¡Qué alegría verte despierta! –parecía contenta.- Voy a avisar al médico –salió de la habitación con una sonrisa. Miré a mi madre con cara de no entender nada y me di cuenta de que tenía la cara demacrada por la tristeza y el cansancio, aunque ahora podía ver en sus ojos felicidad. ¿Qué ha pasado? Seguía preguntándome en mi cabeza.


Llegó el médico y se acercó a la cama.





domingo, 22 de junio de 2014

Capítulo 9

Capítulo 9.

Noche. Luna llena.

Marcos y yo seguíamos en el bosque, al lado de la cascada, el silencio se había apoderado de nosotros durante toda la tarde; dejamos que nuestros brazos, agarrados al cuerpo del otro, junto con las sonrisas de complicidad fueran las únicas palabras que salían de nuestro cuerpo. Se nos hizo de noche pero la luz de la luna lo iluminaba todo, el lago se veía precioso.

-¿Nos bañamos, princesa? –me dijo Marcos al oído y mi piel se erizó, le miré a los ojos, se veían preciosos con esa luz.
-Sí –respondí yo con un hilo de voz muy cerca de su boca provocando otro escalofrío en su piel.

Marcos se quitó la ropa y tiró de mi brazo al agua sin siquiera dejar que me quitara la ropa.

-Imbécil –le grité.
-Es que me gustas más con la ropa mojada –yo puse una sonrisa borde y se acercó a mí, me agarró de la cintura.
-Pues a mí me molesta la ropa mojada –dije dándome la vuelta para salir a quitármela pero no me dejó, me pegó de nuevo a su cuerpo y me besó.
-No te preocupes por eso ahora –bajó de los labios al cuello, puse mis manos en su espalda y le acaricié suavemente con los dedos.

[…]

01:45


(Poned la canción 38 del reproductor)

Seguíamos en el agua. Con los ojos cerrados. Nuestros labios se perdían en nuestros cuerpos, se buscaban y se volvían a encontrar, frente a frente. Besos, besos y más besos. Besos de amor. Besos de pasión. Besos de fuego. Y una vez más nuestros cuerpos volvían a ser uno. Nuestras almas se unían. Piel con piel. Manos entrelazadas. Sonrisas. Ojos con un brillo especial. Pupilas dilatadas.

02:17

-Nunca antes alguien me había hecho sentir tan especial como haces tú cada día que pasa, Ruth –me limité a cogerle la mano de nuevo y sonreírle. Y es que cuando las miradas y los gestos hablan solos, sobran las palabras. Él y sólo él. No necesitaba a nada ni nadie más a mi alrededor para hacerme sentir tan bien.

02:30

Volvimos a Cubelles, a casa de Marcos. Le mandé un mensaje a mi madre para que no se preocupara, dormiría con él.
Entramos a su casa sin hacer mucho ruido. David y Carlos ya estaban durmiendo. Subimos a la habitación de Marcos y pusimos una película, no tenía ganas de dormir, estaba deseando pasar el máximo tiempo posible con él ahora que estábamos bien.
 Se nos hizo de día, hablamos de todo y reímos por todo. Fue una noche genial.

Esa misma noche Marcos, David y Carlos hicieron una fiesta en su casa, por supuesto que mis amigas estaban pero también había muchísima más gente, a algunos no los conocía, aunque eso no me importaba yo hacía amigos muy fácilmente.

Propusieron un juego “verdad o consecuencia en globos”, el juego consistía en que se escribían en papelitos verdades y consecuencias. Tenía que haber tantos papelitos como personas en la fiesta, la mitad ser verdad y la otra mitad consecuencia. Metieron cada papelito dentro de un globo y los hincharos. Después de uno en uno cogíamos un globo, lo explotábamos y teníamos que hacer lo que decía dentro. Salieron cosas muy picantes de ahí.

El alcohol empezó a apoderarse de mi cuerpo, realmente todos íbamos en las mismas condiciones, así que no importaba.
Subí las escaleras para ir al aseo, arriba no había nadie, todo el mundo estaba abajo en el salón, la cocina o el jardín. Cuando salí del aseo me encontré a David en la puerta esperando, qué pesado era, joder.

-¿Qué quieres David?
-Si ya lo sabes, ¿para qué preguntas? –se acercó a mí y me pegó a la pared, me acorraló una vez más, parecía que le encantaba hacerme eso.
-David, déjame, vas muy mal, yo no tengo ganas de discutir y no quiero que ninguno de los dos tengamos problemas con Marcos.
-¡Joder, David, que te he dicho que no! –le grité intentando quitármelo de encima pero no pude.
-¿Qué pasa, Ruth? –giré la cabeza y vi a Marcos en las escaleras.
-Que este gilipollas no me deja en paz.
-Es que resulta que a este “gilipollas” le he dicho yo que te retenga aquí –dijo acercándose a mí. Estaba acorralada por dos tíos a los que les tenía bastante miedo, sobre todo sabiendo de lo que eran capaces.
-Marcos, por favor, deja que me vaya –le pedí con los ojos llenos de lágrimas, empezaba a estar bastante asustada.
-Tú no vas a ir a ninguna parte –contestó.
-Por favor –dije llorando desconsoladamente, le intentaba empujar pero tenían más fuerza que yo y eran dos contra una.


Los dos empezaron a manosearme.
Grité pero nadie me escuchaba.






sábado, 12 de abril de 2014

Capítulo 8

Capítulo 8.

Y llegué.

-¡Hola! –dije con una sonrisa, parecía que me habían estirado las mejillas.
-¡Hola desaparecida! –dijo Lucía y me abrazaron todas, esos abrazos que tanto se necesitan en los peores momentos.

Estuve a punto de dejar escapar todas las lágrimas que inundaban mis ojos durante el trayecto hasta ellas pero pestañeé varias veces bajo las gafas de sol y conseguí evitarlo.

Pasamos el resto de la tarde bien, supe fingir bastante bien que no me pasaba nada, excepto un momento en el que me preguntaron cómo me iba con Marcos y sentí una punzaba en el corazón y los ojos de me volvieron a llenar de lágrimas, me tembló un poco la voz pero conseguí salir del apuro. Espero que no se notara nada. Volví a casa, era de noche, subí a mi habitación, me cambié y me metí en la cama con la luz apagada, no tenía ganas de nada. Es increíble cómo te puede cambiar la vida en tan poco tiempo, hace nada estaba súper feliz con Marcos y ahora me sentía la persona más desgraciada del mundo. Ya no sólo por el hecho de vivir por y para él, sino porque te das cuenta de cómo una persona se puede adueñar de tu vida, de tu cuerpo y de tu alma sin siquiera importarle cómo te sientes tú.
Y así, pensando en lo vacía que me sentía por dentro me quedé dormida, una vez más, en mi cama, mirando por aquella ventana que tantas veces me había permitido soñar y que ahora tan sólo miraba con los ojos ciegos hasta conciliar el sueño.

Desperté temprano, no descansaba nada, siempre tenía pesadillas con Marcos. Me llegó un mensaje al móvil.

-Baja que te estoy esperando -. Me asomé a la ventana y ahí estaba, apoyado en la moto, mirándome y… ¡estaba sonriendo!
Hacía varios días que lo único que veía en su mirada era odio pero hoy podía ver felicidad. Me acerqué al armario con las piernas temblorosas y me vestí, volví a asomarme por la ventana y seguía esperando impaciente, bajé las escaleras y salí de casa sin tomar nada, no tenía hambre últimamente. Di la vuelta a la manzana y me encontré con él. Me acercaba poco a poco y tenía una sensación muy extraña; por una parte me gustaba verlo sonreír, al fin y al cabo estaba enamorada de él y no hay nada más bonito que la sonrisa de alguien a quien amas; pero por otra parte el miedo se empezaba a apoderar de mi cuerpo, en los últimos días estar a su lado sólo había significado dolor y sufrimiento. Ya estaba junto a él. Me besó. Sentí muchísimas ganas de abrazarlo y por un impulso lo hice, dos segundos después él correspondió el abrazo. Ese abrazo me hizo volver a sentir bien durante un momento, cerré los ojos, podía oler su piel, sentir su respiración, mi corazón sonreía con ilusión. Deseaba que no acabara nunca ese momento, pero nada dura para siempre y eso es algo que todos sabemos.

-Lo siento, siento haberte hecho daño estos últimos días –tenía ganas de llorar, se me hizo un nudo en la garganta, no sabía qué responder, quería decirle que había sido un completo cabrón pero ¿y si provocaba otro momento violento?
-No importa –dije con una leve sonrisa. Y como una tonta enamorada perdoné algo que no debería de haber perdonado jamás.
-Ven, sube, vamos a un sitio que te encanta –me dijo subiendo a la moto con esa sonrisa que hacía que me temblara todo el cuerpo.

Arrancó la moto y salimos de Cubelles, volvía a ser un día gris, como aquel en el que me llevó al lago con la cascada en el bosque.

(Poned la canción 4 del reproductor)

Me abracé a él y cerré los ojos hasta llegar al lugar. Y sí, me volvió a llevar allí, ese era el sitio donde se respiraba felicidad, amor y libertad, sobre todo libertad.
Nos tumbamos en una roca plana que había al borde del lago y apoyé mi cabeza en su pecho.

-Marcos –dije en voz baja.
-Dime, pequeña.
-¿Por qué me pegaste de aquella manera? ¿Por qué te comportaste como un salvaje conmigo? ¿Qué hice para merecer eso? Eres la persona a la que amo, tú me has hecho sentir viva, tú me has hecho conocer la felicidad, no cambiaría por nada ni por nadie todas las sonrisas que me has sacado, ni todos los momentos que hemos vivido. No te cambiaría a ti. Eres lo más grande que he tenido hasta ahora y teniéndome en lo más alto me hiciste hundir en el pozo más profundo. Te amo, Marcos. No quiero tenerte miedo, quiero que verte sea siempre motivo de alegría, no de miedo o tristeza. Esta mañana cuando te he visto me han temblado las piernas, tenía miedo de acercarme a ti, no quiero eso para el resto de mi vida… -y una lágrima resbaló por mi mejilla, lo miré a los ojos y a él también le caían lágrimas.
-No tenía motivo para hacerlo. Me comporté como un gilipollas. Lo siento, pequeña, lo siento –dijo abrazándome fuerte.
-¿Y por qué lo hiciste si no tenías motivo? –elevé la voz.
-¡No lo sé, joder! –Gritó él también- Solo sé que no volverá a ocurrir –y bajó el tono haciendo que su voz volviera a ser dulce y agradable.
-Te quiero, Marcos.
-Y yo, Ruth –contestó dándome un beso en la cabeza y acariciando mi brazo.

Y eso suelen decir una vez que lo han hecho, que no volverá a ocurrir, pero ¿a quién vamos a engañar? Todas las mujeres que hemos pasado por ahí sabemos que no es verdad. Y ciega de amor esperas que todo vuelva a ser perfecto. Hasta que recibes otro golpe. Hasta que la luz de la vida se apaga en tu interior. Hasta que un día los ojos dejan de brillar de alegría.



Y ahora la pregunta es, ¿tardaría mucho Marcos en romper su promesa de que nunca volvería a ocurrir?





domingo, 9 de marzo de 2014

Capítulo 7

Capítulo 7.

Llegamos a la puerta de mi casa, me despedí de Marcos y entré.

-¿Mamá? –pasé hasta el salón, estaba sentada en el sofá moviendo las piernas nerviosa.
-¿Tú qué pasa? ¡Que te dejo un poco de libertad y ya te despreocupas de todo! Podrías haber llamado por lo menos.
-Lo siento –dije con la cabeza agachada-. Me olvidé de todo…
-No te voy a castigar porque no tendría sentido, ya sabes lo que haces, pero parece mentira que hayas hecho esto –dijo secándose una lágrima, yo me eché a llorar y me acerqué a ella.
-Lo siento muchísimo mamá, he venido lo más rápido posible cuando me he acordado, lo he pasado tan bien con Marcos… él me hace reír, me quiere, él consigue que me olvide del resto del mundo, es tan maravilloso… De verdad que lo siento, no volverá a pasar –me lancé a abrazarla con fuerza.
-Está bien… Espero que sea la primera y la última vez que pasa.
-Te lo prometo –le sonreí.

[…]

06:35
Volví a despertarme asustada había soñado otra vez que Marcos abusaba de mí, ese sueño llevaba atormentándome desde que lo conocí, no entendía por qué soñaba eso, Marcos jamás me haría daño… -o eso creía por aquel entonces…-. Miré la hora en el móvil y volví a tumbarme con el edredón hasta los ojos, me puse a mirar por la ventana hasta que me dormí de nuevo.

[…]

-Eres tan bonita que jamás me cansaría de mirarte –dijo en mi oído con una voz ronca provocándome un escalofrío, pasó su mano por mi hombro y bajó hasta la muñeca, me dio la vuelta hacia él y me besó, me cogió el brazo con fuerza y me pegó a él.
-Marcos me haces daño… -relajó un poco su mano sin llegar a soltarme el brazo.

Me cogió en brazos y enrollé mis piernas en su cintura, me pegó a la pared y me acarició la nuca, le besé el cuello, subimos las escaleras hasta su habitación, me puse encima de él y le quité la camiseta, mis pantalones desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos, al igual que los suyos, Marcos se volvía un poco agresivo cuando lo hacíamos, a veces me gustaba pero otras no tanto, aquella noche Marcos me hizo gritar tanto que pensé después no tendría voz.

Y casi sin querer, me hizo engancharme a su piel, sin darme cuenta de su lado cruel. Me hacía sentir tan viva que nada me importaba más…

Entrelacé mi mano con la suya, nos mirábamos a los ojos entre sonrisas de complicidad, eran momentos perfectos. Éramos él y yo.

No imaginaba que poco tiempo después iban a empezar los problemas…

[…]

(Poned la canción 1 del reproductor)

-Tía, estás desaparecida, llevamos meses sin vernos.
-Lo sé y lo siento… No soy yo, esto me ha atrapado con tanta fuerza que no soy dueña de mí misma.
-Hace mucho que no hablamos, ¿quedamos esta tarde todas?
-Vale, ya sabes, donde siempre y a la hora de siempre, aunque haya pasado el tiempo que no cambien las costumbres.
-Hasta luego pequeña, un beso.
-Adiós cariño, te quiero.

La conversación con Marta no hizo que me sintiera bien, ellas no sabían nada de lo que estaba ocurriendo y habían marcas en mi cuerpo que eran imposibles de ocultar, empezaba a hacer calor otra vez y yo salía a la calle tapada de arriba abajo, no quería preguntas de nadie, por el simple hecho de que no tenía respuestas para eso.

Lo de taparme el cuerpo iba bien, pero la cara… podía tapar mis heridas, pero nadie puede maquillar unos ojos de felicidad cuando están llenos de tristeza.

Pasé el resto del día poniendo caras delante del espejo para fingir estar bien delante de mis amigas, qué triste era tener que aparentar delante de la gente que más te quiere por el miedo a perder a alguien a quien quieres y que sin saberlo –en ese momento- te está haciendo daño.

-Esta tarde voy a salir con mis amigas… -hablaba con miedo.
-No hagas nada de lo que te puedas arrepentir, preciosa
-No, tranquilo…

[…]



Caminaba por la calle con la música en los oídos y las lágrimas a punto de brotar de mis ojos, ¿por qué me había pasado esto a mí? Estaba a punto de llegar al lugar y no podía permitir que me vieran así, tenía que sonreír, “ser feliz”. 





sábado, 11 de enero de 2014

Capítulo 6

Capítulo 6.

Le devolví el beso con timidez al tiempo que ponía mi mano en su cara, él puso su mano en mi cintura y nos tumbamos en la cama, cerré los ojos y apoyé mi cabeza en su pecho, y el besó mi cabeza al tiempo que acariciaba mi brazo, aquel momento era dulce, agradable.  Y en ese mismo instante me di cuenta, me había enamorado.

Me desperté un poco aturdida, no sabía si  había soñado todo lo que había ocurrido la noche anterior o había sido real, lo que sí era real era que Marcos no estaba en la cama, ni en la habitación, salí al pasillo, tampoco estaba, bajé las escaleras hacía el salón y nada, ni rastro de él. Me encontré a David sentado en el sofá viendo la tele, estaba con los pantalones del pijama pero sin la camiseta.

-Bu… Buenos días –David giró la cabeza para mirarme.
-Buenos días –puso cara de seductor, conmigo eso no iba a funcionar.
-¿Dónde está Marcos? –me acerqué al sofá y me senté.
-Se ha ido con Carlos, estamos solos –se acercó más a mí, me guiñó un ojo y puse cara de asco.

Me levanté del sofá y me dirigí a la cocina para desayunar, estaba cogiendo una taza del armario cuando las manos de David se pusieron en mi cintura, solté un grito y di un pequeño salto.

-¡Gilipollas, me has asustado! –me di la vuelta, David se rio.
-No te asustes tanto y déjate llevar de una vez –dije acercándome a él, me escurrí de sus brazos en milésimas de segundo.
-Pues sí que flipas tú –salí de la cocina, se me habían quitado las ganas de desayunar, subí las escaleras pero antes de entrar a la habitación David ya me había acorralado en la pared poniendo una mano a cada lado de mi cabeza.
-Chico, ¡qué pesado eres! Déjame ya –suspiré cansada.
-Si estás deseando besarme –iba acercando su boca a la mía, apoyé mis manos en su pecho y lo empujé hacia atrás.
-¿A estas alturas y sigues confundiendo los pronombres? Joder qué triste –me eché a reír y David me puso una cara que me dio bastante miedo. A mí se me borró la sonrisa de la cara y me subió un escalofrío por el cuerpo, me agarró de la muñeca con fuerza, tragué saliva y me quedé quieta, no era capaz de reaccionar, sus ojos me intimidaban, se abrió la puerta de la calle y David me soltó, bajé corriendo las escaleras y me lancé al cuello de Marcos sonriendo.

-¿Dónde estabas? –dije dándole un beso en la nuca.
-He ido con Carlos a comprar.
-Avísame la próxima vez que me vayas a dejar sola con un cretino como este –miré a David y puse cara de odio, Marcos se rio.
-Lo siento pequeña –me besó y yo sonreí en su boca.
-Por favor, las ñoñerías a solas que me están dando ganas de vomitar con tanto amor –soltó David.
-Tápate los ojos o yo qué sé, pero deja de ser tan repelente –le contestó Carlos, David le miró con asco y siguió a lo suyo.

Marcos y yo subimos a su habitación.

-Oye, ¿estos cuándo se van? Llevan desde anoche aquí.
-Pues cuando ellos quieran, viven conmigo, es su casa –dijo tocándose la nuca.
-Ya pero es que no soporto a David.
-Es difícil de aguantarlo, pero cuando lo conoces mejor sabes cómo tratarlo.
-No lo soporto –repetí como una cabezona.
-Es un chaval que ha tenido muchos problemas en la vida y ahora de chulo. ¿Qué esperabas?
-Nada, pero si piensa ir de chulo mientras esté yo delante le van a llover las hostias –me reí y Marcos también-. ¿Qué vamos a hacer hoy?
-Iba a sugerirte ir al centro comercial con Carlos y David, David se quería tatuar, pero viendo cómo te cae me parece que la idea no es muy buena –rió y yo suspiré.
-Es el centro comercial, me da igual que vaya David –hice una pequeña pausa-. Voy a ducharme.
-Vale.

Me metí en el aseo y abrí el grifo, me quité la ropa y me metí a la ducha, escuché la puerta abrirse y cerré el grifo, asomé la cabeza por la cortina de la bañera.

-¡Marcos, por dios!
-Ssh –dijo él poniéndose el dedo índice sobre los labios-. Hoy nos duchamos juntos –rió.
-Bueno, pero sólo hoy, eh –reí yo también.

Marcos entró en la ducha y le enchufé con el grifo en toda la cara, me eché a reír, me di la vuelta y él pasó su dedo índice por el centro de mi espalda y bajó hasta los riñones, volvió a subir, pero esta vez apoyando la mano entera, el agua caía sobre nuestros cuerpos, me di la vuelta, lo miré a los ojos y… me perdí en su mirada… lo quería con locura, no sabía por qué me había enamorado de aquella forma pero era increíble, dicen que cuando realmente estás enamorado/a si te preguntan la razón no sabes responder, y eso exactamente me pasaba a mí. Apoyé mi frente en la suya y acaricié su nuca, rocé sus labios con los míos sin llegar a besarlo, él pasó su mano por mi cintura y acto seguido lo besé con mucha dulzura.

Rato después salimos de la ducha y Marcos abrió la puerta del baño me cogió como un saco de patatas y me paseó por toda la casa con tan sólo una toalla enrollada a mi cuerpo y otra a su cintura, mientras, yo pataleaba y me quejaba, pasamos por delante de Carlos que estaba comiendo patatas fritas y se quedó con la cara hecha un cuadro.

-¡Marcos suéltame ya! –grité por enésima vez.
-¡Jamás! –dijo divertido.
-¡Carlos dile que me sueltee! –dije con voz de niña enrabietada, Carlos simplemente se reía de la situación.

Marcos volvió a subir las escaleras y dio una vuelta por el largo pasillo, empezaba a notar la sangre en la cabeza, sabía que no me iba a bajar así que pegué un tirón de su toalla y esta cayó al suelo, me bajó inmediatamente y yo recogí la toalla del suelo y esta vez fui yo la que salió corriendo y riendo a enormes carcajadas y él salió corriendo detrás de mí, pasé por delante de la televisión y el sofá, donde David seguía haciendo el vago, este rio junto a Carlos.

-Tío, tápate anda –dijo David muriéndose de la risa al verlo desnudo corriendo detrás de mí-. Parece que vas a acosar a la pobre chica –siguieron riendo y bromeando, Marcos se tapó y logró alcanzarme, me quitó su toalla y subimos a la habitación a vestirnos.

-Pensaba que ibas a quitarme la toalla tú a mí –me reí.
-Ya te vieron medio desnuda, no quiero que miren más lo que es mío.
-¿Tuyo? –pregunté atónita-. Aquí no hay nada tuyo –señalé mi cuerpo y me subí los pantalones. (http://www.polyvore.com/rn_hsrjnrmkdytku6/set?id=109966566)
-Eso ya lo veremos –dijo en mi oído y soltó una risa que me provocó un escalofrío.

Llegamos al centro comercial y nos dirigimos hacia una tienda de tatuajes y piercings, entramos y el chico de mostrador parecía conocerlos.

-David, ¿qué te vas a tatuar esta vez?
-Pues aún no lo tengo claro pero… -me puse a hablar con Marcos y me perdí en la conversación.
-¿Tú llevas algún tatuaje?
-No, algún día me haré uno pero no sé qué será, ¿y tú?
-Tengo uno pensado.

Después de media hora David salió con la parte de dentro del brazo tatuada, llevaba una frase.
Salimos de la tienda, yo quería entrar a alguna tienda de ropa, David hizo un intento de queja.

-Venga, no me jodas que ahora vamos a… –me giré y se calló al instante.
-Yo he esperado a que te hicieras el tatuaje, cállate –él soltó un bufido.

Realmente no tardamos mucho, estaba un poco cansada y tampoco quería tener a los tres esperándome, me daban penita, sobre todo Carlos, el pobre no se quejaba de nada, más bueno que un trozo de pan el chico, me preguntaba si tendría novia…

-Oye Carlos, ¿tú tienes novia? –no me corté un pelo a la hora de preguntarle.
-¿Eh? –Dijo saliendo de sus pensamientos, iba un poco despistado-. No.
-No lo entiendo, si eres monísimo –él rio vergonzoso.

Cuando salimos del centro comercial era de noche, nos dirigimos a casa.

-Tío, tengo hambre, ¿pedimos pizza? –dijo David.
-Vale –contestó Carlos. Pidieron la pizza, yo realmente no tenía hambre así que no cené nada.
-Ruth tienes que comer algo –me dijo Marcos.
-No me apetece ahora, además, seguramente mi madr… ¡HOSTIA PUTA! ¡Que no he vuelto a casa! Llévame en la moto por favor, mi madre tiene que estar preocupada –miré el móvil, se me había apagado, lo había estado pasando tan bien con Marcos que me había olvidado de todo por completo.



Salimos a la calle y subimos a la moto. Durante el camino no dejaba de pensar qué podría pasar cuando llegase a casa, a mi madre estaría a punto de darle un ataque.