domingo, 22 de junio de 2014

Capítulo 9

Capítulo 9.

Noche. Luna llena.

Marcos y yo seguíamos en el bosque, al lado de la cascada, el silencio se había apoderado de nosotros durante toda la tarde; dejamos que nuestros brazos, agarrados al cuerpo del otro, junto con las sonrisas de complicidad fueran las únicas palabras que salían de nuestro cuerpo. Se nos hizo de noche pero la luz de la luna lo iluminaba todo, el lago se veía precioso.

-¿Nos bañamos, princesa? –me dijo Marcos al oído y mi piel se erizó, le miré a los ojos, se veían preciosos con esa luz.
-Sí –respondí yo con un hilo de voz muy cerca de su boca provocando otro escalofrío en su piel.

Marcos se quitó la ropa y tiró de mi brazo al agua sin siquiera dejar que me quitara la ropa.

-Imbécil –le grité.
-Es que me gustas más con la ropa mojada –yo puse una sonrisa borde y se acercó a mí, me agarró de la cintura.
-Pues a mí me molesta la ropa mojada –dije dándome la vuelta para salir a quitármela pero no me dejó, me pegó de nuevo a su cuerpo y me besó.
-No te preocupes por eso ahora –bajó de los labios al cuello, puse mis manos en su espalda y le acaricié suavemente con los dedos.

[…]

01:45


(Poned la canción 38 del reproductor)

Seguíamos en el agua. Con los ojos cerrados. Nuestros labios se perdían en nuestros cuerpos, se buscaban y se volvían a encontrar, frente a frente. Besos, besos y más besos. Besos de amor. Besos de pasión. Besos de fuego. Y una vez más nuestros cuerpos volvían a ser uno. Nuestras almas se unían. Piel con piel. Manos entrelazadas. Sonrisas. Ojos con un brillo especial. Pupilas dilatadas.

02:17

-Nunca antes alguien me había hecho sentir tan especial como haces tú cada día que pasa, Ruth –me limité a cogerle la mano de nuevo y sonreírle. Y es que cuando las miradas y los gestos hablan solos, sobran las palabras. Él y sólo él. No necesitaba a nada ni nadie más a mi alrededor para hacerme sentir tan bien.

02:30

Volvimos a Cubelles, a casa de Marcos. Le mandé un mensaje a mi madre para que no se preocupara, dormiría con él.
Entramos a su casa sin hacer mucho ruido. David y Carlos ya estaban durmiendo. Subimos a la habitación de Marcos y pusimos una película, no tenía ganas de dormir, estaba deseando pasar el máximo tiempo posible con él ahora que estábamos bien.
 Se nos hizo de día, hablamos de todo y reímos por todo. Fue una noche genial.

Esa misma noche Marcos, David y Carlos hicieron una fiesta en su casa, por supuesto que mis amigas estaban pero también había muchísima más gente, a algunos no los conocía, aunque eso no me importaba yo hacía amigos muy fácilmente.

Propusieron un juego “verdad o consecuencia en globos”, el juego consistía en que se escribían en papelitos verdades y consecuencias. Tenía que haber tantos papelitos como personas en la fiesta, la mitad ser verdad y la otra mitad consecuencia. Metieron cada papelito dentro de un globo y los hincharos. Después de uno en uno cogíamos un globo, lo explotábamos y teníamos que hacer lo que decía dentro. Salieron cosas muy picantes de ahí.

El alcohol empezó a apoderarse de mi cuerpo, realmente todos íbamos en las mismas condiciones, así que no importaba.
Subí las escaleras para ir al aseo, arriba no había nadie, todo el mundo estaba abajo en el salón, la cocina o el jardín. Cuando salí del aseo me encontré a David en la puerta esperando, qué pesado era, joder.

-¿Qué quieres David?
-Si ya lo sabes, ¿para qué preguntas? –se acercó a mí y me pegó a la pared, me acorraló una vez más, parecía que le encantaba hacerme eso.
-David, déjame, vas muy mal, yo no tengo ganas de discutir y no quiero que ninguno de los dos tengamos problemas con Marcos.
-¡Joder, David, que te he dicho que no! –le grité intentando quitármelo de encima pero no pude.
-¿Qué pasa, Ruth? –giré la cabeza y vi a Marcos en las escaleras.
-Que este gilipollas no me deja en paz.
-Es que resulta que a este “gilipollas” le he dicho yo que te retenga aquí –dijo acercándose a mí. Estaba acorralada por dos tíos a los que les tenía bastante miedo, sobre todo sabiendo de lo que eran capaces.
-Marcos, por favor, deja que me vaya –le pedí con los ojos llenos de lágrimas, empezaba a estar bastante asustada.
-Tú no vas a ir a ninguna parte –contestó.
-Por favor –dije llorando desconsoladamente, le intentaba empujar pero tenían más fuerza que yo y eran dos contra una.


Los dos empezaron a manosearme.
Grité pero nadie me escuchaba.






2 comentarios:

  1. Me encanta *. * .
    Yo también escribo pero dudo que sea tan buena como tú.
    Gracias por compartirlo con todos nosotros.

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    1. Muchísimas gracias, me hace muy feliz leer comentarios como este.
      Seguro que sí escribes bien, si me pasas algo tuyo lo leeré con mucho gusto.
      ¡Un besito!

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