Capítulo 7.
Llegamos a
la puerta de mi casa, me despedí de Marcos y entré.
-¿Mamá?
–pasé hasta el salón, estaba sentada en el sofá moviendo las piernas nerviosa.
-¿Tú qué
pasa? ¡Que te dejo un poco de libertad y ya te despreocupas de todo! Podrías
haber llamado por lo menos.
-Lo siento
–dije con la cabeza agachada-. Me olvidé de todo…
-No te voy a
castigar porque no tendría sentido, ya sabes lo que haces, pero parece mentira
que hayas hecho esto –dijo secándose una lágrima, yo me eché a llorar y me
acerqué a ella.
-Lo siento
muchísimo mamá, he venido lo más rápido posible cuando me he acordado, lo he
pasado tan bien con Marcos… él me hace reír, me quiere, él consigue que me
olvide del resto del mundo, es tan maravilloso… De verdad que lo siento, no
volverá a pasar –me lancé a abrazarla con fuerza.
-Está bien…
Espero que sea la primera y la última vez que pasa.
-Te lo
prometo –le sonreí.
[…]
06:35
Volví a
despertarme asustada había soñado otra vez que Marcos abusaba de mí, ese sueño
llevaba atormentándome desde que lo conocí, no entendía por qué soñaba eso,
Marcos jamás me haría daño… -o eso creía por aquel entonces…-. Miré la hora en
el móvil y volví a tumbarme con el edredón hasta los ojos, me puse a mirar por
la ventana hasta que me dormí de nuevo.
[…]
-Eres tan
bonita que jamás me cansaría de mirarte –dijo en mi oído con una voz ronca provocándome
un escalofrío, pasó su mano por mi hombro y bajó hasta la muñeca, me dio la
vuelta hacia él y me besó, me cogió el brazo con fuerza y me pegó a él.
-Marcos me
haces daño… -relajó un poco su mano sin llegar a soltarme el brazo.
Me cogió en
brazos y enrollé mis piernas en su cintura, me pegó a la pared y me acarició la
nuca, le besé el cuello, subimos las escaleras hasta su habitación, me puse
encima de él y le quité la camiseta, mis pantalones desaparecieron en un abrir
y cerrar de ojos, al igual que los suyos, Marcos se volvía un poco agresivo cuando
lo hacíamos, a veces me gustaba pero otras no tanto, aquella noche Marcos me
hizo gritar tanto que pensé después no tendría voz.
Y casi sin
querer, me hizo engancharme a su piel, sin darme cuenta de su lado cruel. Me
hacía sentir tan viva que nada me importaba más…
Entrelacé mi
mano con la suya, nos mirábamos a los ojos entre sonrisas de complicidad, eran
momentos perfectos. Éramos él y yo.
No imaginaba
que poco tiempo después iban a empezar los problemas…
[…]
(Poned la canción 1 del reproductor)
-Tía, estás desaparecida, llevamos
meses sin vernos.
-Lo sé y lo siento… No soy yo, esto
me ha atrapado con tanta fuerza que no soy dueña de mí misma.
-Hace mucho que no hablamos, ¿quedamos
esta tarde todas?
-Vale, ya sabes, donde siempre y a la
hora de siempre, aunque haya pasado el tiempo que no cambien las costumbres.
-Hasta luego pequeña, un beso.
-Adiós cariño, te quiero.
La
conversación con Marta no hizo que me sintiera bien, ellas no sabían nada de lo
que estaba ocurriendo y habían marcas en mi cuerpo que eran imposibles de
ocultar, empezaba a hacer calor otra vez y yo salía a la calle tapada de arriba
abajo, no quería preguntas de nadie, por el simple hecho de que no tenía
respuestas para eso.
Lo de
taparme el cuerpo iba bien, pero la cara… podía tapar mis heridas, pero nadie
puede maquillar unos ojos de felicidad cuando están llenos de tristeza.
Pasé el
resto del día poniendo caras delante del espejo para fingir estar bien delante
de mis amigas, qué triste era tener que aparentar delante de la gente que más
te quiere por el miedo a perder a alguien a quien quieres y que sin saberlo –en
ese momento- te está haciendo daño.
-Esta tarde voy a salir con mis
amigas… -hablaba con
miedo.
-No hagas nada de lo que te puedas
arrepentir, preciosa
-No, tranquilo…
[…]
Caminaba por
la calle con la música en los oídos y las lágrimas a punto de brotar de mis
ojos, ¿por qué me había pasado esto a mí? Estaba a punto de llegar al lugar y
no podía permitir que me vieran así, tenía que sonreír, “ser feliz”.
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